• Alvaro Andrés Echeverría

Día dos...



Una larga noche inicia...


En un reciente libro leí, que el bien y el mal tienen el mismo rostro, todo depende de la orilla que lo veas; pues esta noche me siento en la mitad de la calle, viendo cómo el bien y el mal te ven desde cerca.


A veces creemos que las personas que obran bien les va muy bien, pero estoy en esa etapa de la vida que a veces place actuar guiado por el mal; puesto que la gente así se siente cómoda y están a tus pies aplaudiendo cada una de tus acciones sin importar el resultado que sea.


Pero del otro lado está aquella parte de luz, aquella parte de la vida que dice que debes ser bueno, amar a tu prójimo ayudar a todos los que quieran verte la cara, porque al final tienes un lugar asegurado en cierta parte del universo.


Pero hoy me di cuenta que no importa de que lado de la calle llamada vida vayas, al fin y al cabo cuando decide darte una lección no existe vereda, no existe calle, tan sólo existe un húmedo terreno llamado incertidumbre, que estará plagada de vegetaciones tan grandes llamadas miedo y cubierto de densas nubes llamadas limitaciones y es ahí cuando todas las religiones que existen en el mundo te dicen que no pierdas la fe.


Pero, ¿es la Fe la luz que cambiará todo y nos dará una oportunidad? ¿es la fe, la que sanará todo, es aquella que te dirá que no pierdas la esperanzas de verle sonreír de nuevo? ¿Es el combustible que la vida te da para que sigas creyendo en ella a pesar de que en su avenida existan dos veredas tan distintas que te pueden enseñar mucho en tan poco?

Mientras pase la noche estaré del otro lado de la habitación, esperando cruzar de tu mano la calle de la vida...


Con amor tu hijo...

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